sábado, 14 de julio de 2007

Relaciones Padre-Hij@

Me gustaría compartir unos consejos para ser mejores padres que nos da un veteráno, Stephen Covey, en su libro "Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Eficaz". Es padre de ocho hijos, pero el libro está escrito para todo el mundo, no sólo para padres.

Covey nos anima a ver que entre nosotros y cada persona con quién tengamos relación hay un especie de "cuenta" que el llama la "cuenta bancaria emocional". Allí hacemos depósitos y retiradas dependiendo de como tratamos a la persona con quien mantenemos la cuenta.

Esto me parece especialmente relevante para padres porque hay quienes dicen que a la medida que nuestros hijos vayan creciendo, los intercambios entre padres e hijos suelen ir reduciéndose a unas frases hechas sobre imagen, higiene, deberes, horarios y dieta etc. Es decir, una situación de retiradas continuas - muchas veces sin depósitos. De esta forma algunos padres e hijos llegan a la adolescencia en la bancarrota. Surgen problemas, dudas, complicaciones y no pueden ni hablar - porque ya no quedan ni fondos, ni crédito.


Recuerdo una campaña contra la droga que tuvo como mensaje "Habla con tu hijo." Se ve que estaban animando a los padres a cuidar su relación con sus hijos para poder influir en la vida de ellos. Lo que pasa es que es más complicado que sólo "hablar". Hay que saber como hablar y como actuar para que tu hijo perciba depósitos en vez de retiradas.


Dice Covey que los depósitos consisten en lo que la otra persona percibe como tal (un depósito) y que las retiradas consisten en cualquier cosa que el otro percibe como tal (una retirada).


Nos anima a tener muy en cuenta el saldo de cada cuenta - por que, siendo seres humanos - habrán veces que retiramos fondos incluso sin querer. Si tenemos buen saldo, fácilmente nos perdonan. Si hemos tocado fondo, entonces incluso la más mínima retirada (error humano o metedura de pata) puede hacer que una persona se enfade o se vuelva contra nosotros.


Como él explica, es natural que a veces los padres hacemos retiradas de las cuentas de nuestros hijos simplemente porque tenemos que tomar decisiones sobre asuntos que no entienden o porque tenemos que insistir en que hagan cosas por su bien aunque no quieran. Nos aconseja por un lado minimizar estas retiradas con explicaciones y cariño y por otro lado tener especial cuidado en mantener siempre un buen saldo.


Todo esto puede parecer obvio - demasiado sencillo - pero os aseguro que, como madre, he visto como el jaleo de la vida complica las cosas. Entre el trabajo, el colegio, las actividades extraescolares, los deberes, el dentista, los cumples, el aniversario, las comidas familiares, el supermercado... fácilmente se pierde la cuenta, se cae en la trampa de estar siempre detrás del niño (por su bien, por supuesto, y con buenas intenciones)...


Covey recomienda que no solamente hablamos con nuestros hijos sino que siempre "buscamos primero comprender para luego conseguir que nos comprenden". Consiste en escuchar al otro - nuestro hijo en este caso - hasta estar seguros de que entendamos su punto de vista y que él se sienta comprendido 100%. Es entonces cuando podemos intentar explicarles nuestro punto de vista y pedirle comprensión para nuestro proyecto, plan, opinión o lo que sea.


Según Covey, esto es el depósito más importante que podemos ofrecer a cualquier persona - escucharle de verdad con la sola intención de comprenderle.


Parece sencillo, obvio ¿Pero cuántas veces seguimos este modelo con nuestros hijos?


Luego hay mil formas más de hacer depósitos en las cuentas emocionales de nuestros hijos pero el truco siempre está en que los depósitos no consisten en lo que nosotros consideramos depósitos sino en lo que nuestros hijos perciben como depósitos. Es decir, la cuenta no funciona a base de lo que nosotros - los tan bien intencionados padres - queremos meter, sino de lo que ellos necesitan y esperan y quieren de nosotros en general y en algún momento dado - que les escuchemos, que nos interesemos por esas cosas suyas que ni entendemos, que pasemos tiempo juntos haciendo también lo que a ellos les gusta hacer, que juguemos con ellos, que hablemos con ellos sobre temas importantes - haciéndoles así sentirse importantes... A veces el depósito consiste en saber cuando dejarles solos.


Para mí, la visión tan sencillita de esa cuenta bancaria emocional me ha servido de herramienta en medio de una vida muy llena - para estar siempre tomando el pulso de la relación que mantengo con cada uno de mis hijos. Muchas veces cuando hay algún problema - celos entre los hermanos, una actitud un poco rebelde, demasiadas lágrimas quien sabe porque - en vez de tratar el problema que tengo delante, voy directamente al "banco" para hacer depósitos. Leemos un cuento, pasamos tiempo juntos hablando, le invito a hacer la compra conmigo sólo nosotros dos, damos un paseo, hablamos de los perros o los juegos de video o otro tema que no me atrae pero a ella sí… lo que sea. Para mí, los resultados han sido muy buenos - nunca falla.

viernes, 13 de julio de 2007

Una Historia Lleno de Avisos

Ha llegado el momento, creo, de contar esa historia tan triste que prometí hace mucho tiempo contar. Pero no lo cuento para desesperar a nadie, sino para dar esperanza porque esta historia pasó en una época en que había menos información para padres adoptivos – que fue hace no mucho tiempo.

Prefiero las historias felices sobre las adopciones - y sobre las familias en general. Pero sé que tenemos que compartir historias como esta también para que no se repitan. Y me gustaría creer que en la gran mayoría de las adopciones no hay riesgo de que ocurra lo que voy a contar aquí. Pero por eso también es bueno contar lo que voy a contar - para que vemos que un final infeliz suele venir avisado desde hace mucho tiempo antes de que occura.


La niña se llamaba Noel y fue entregada en acogida a Mari, una amiga de mi madre, cuando tuvo sólo seis semanas. Ya había estado con varios familiares que habían intentado sacarla adelante. Según los informes simplemente no salía adelante y por eso la quitaron de su casa, pero según Mari una radiografía que hicieron después demostró que tuvo alguna costilla rota.


Mi madre siempre se acuerda de la nerviosa que era Noel de bebé y como Mari seguía el consejo de criar a la niña con un horario muy estricto - supongo que el idea fue darle una sensación de seguridad. Pero el horario se tenía que cumplir a rajatabla - que si la niña tenía hambre - tendría que esperar. Que nadie podía cogerla si no era la hora etc. Dice mi madre que era una niña que lloraba sin parar - y que ella (mi madre) no pudo resistir en cogerle en brazos para calmarle y darle de comer si tenía hambre cuanda estaba en nuestra casa. Le recomendaba a su amiga ser menos estricta y más comprensiva pero ella estaba convencida de sus métodos.


Sé que hoy los consejos para cuidad de un bebé como Noel serían muy distintos - por lo que estoy leyendo, recomiendan una rutina para crear esa sensación de seguridad pero con muchísimo cariño, muchos brazos y de darle de comer siempre que quiera.


Me acuerdo muy bien de Noel. Tenía unos tres años menos que yo, como una hermana mía y todos jugabamos juntos siempre que su familia venía a visitar - o que hicimos los cuatro o cinco horas en coche para quedar una semana con ellos. Fue una niña alegre, rubio, delgada, muy mona.


Noel estuvo en “plan acogida” durante quizás siete años. Lo triste es que tuvo que aguantar muchos cambios – que la madre biológica quería otra oportunidad, que por alguna política del Estado tuvo que estar con otra familia de acogida de vez en cuando - quién sabe porque. Pero siempre acabó una y otra vez en casa de Mari con su marido y sus tres hijos.

Al final, sobre los siete años estuvo disponible para ser adoptada y Mari y su marido decidieron adoptarla – mas que nada porque les daba pena. No quisieron verla empujada de casa en casa durante el resto de su vida sin tener nunca una familia propia. Hace poco mi madre me contó esto y me hizo reflexionar sobre la importancia que los psicólogos dan a los motivos para adoptar...

La niña fue muy difícil para ellos. Fue activa, muy traviesa, siempre metiéndose en algún lío, probando los límites; dicen que fue una mentirosa patológica.

No es que no intentaron, pero no sabían que hacer con Heidi-Noel (que hicieron un nombre compuesto al adoptarlo para ir poco a poco quitando Noel y dejándola con el nombre que habían escogido para ella, Heidi).

Me recuerdo de ella como siempre sonriendo o riéndose y corriendo para arriba y abajo como una loca – a menos que estaba castigada.

Y parece que siempre estaba castigada. Mi madre se mostraba una y otra vez preocupada por Heidi - de eso me acuerdo. Ella hablaba de vez en cuando con su amiga sobre la situación. Le escuché más que una vez comentar que en esa familia todo el mundo estaba siempre encima de esa pobre niña, que hacía falta tener una actitud más positiva. También me sentí mal por ella al escuchar eso - mal y con ganas de salvarla.

Sobre los quince años, Heidi se fue a vivir con otra familia, gente de la misma iglesia de su familia. No funcionó. Luego fue a vivir con una tía, hermana de su madre – tampoco pudieron con ella. Otra hermana de su madre le acogió, y finalmente se fue y nadie sabe que ha sido de Heidi.


Dice Marilyn que, con la información que hay hoy en día, haría las cosas de una forma tan, tan diferente.


Por mi parte – la historia fue confusa y preocupante hasta que empecé a leer sobre el apego. Me acuerdo bastante de aquello y mi madre me ha contado lo suficiente para entender que nunca llegaron a formar vínculos afectivos con Heidi. Hicieron todo lo posible para criarle bien, intentaron seguir todas las “reglas” (sobre horarios, estructura, disciplina – Marilyn fue una mujer super-informada y con unas ideas muy claras) – pero simplemente no sabían crear una relación de confianza, seguridad, cariño y amor con una niña que se les ponía todo tan difícil - muy probablemente porque se sintió tan insegura.


Para mí, esta historia, junto con otras experiencias, ha despertado mi interés en el bienestar de la familia en general. No es algo que empecé a estudiar al adoptar. Sin embargo, a través del estudio de la adopción, he podido consolidar muchos de mis conocimientos. Hay mucho sobre desarrollo infantil, por ejemplo, que he llegado a comprender por primera vez a través de libros escritos para familias adoptivas.


Por eso, creo que hoy en día, las familias adoptivas tenemos gran ventaja - no sólo comparado con las familias que adoptaron hace cincuenta o incluso veinte años - sino incluso a veces respecto a las familias biológicas, quizás.


Animo a todo el mundo a informarse sobre temas que podrían ser de interés para su familia. No tenéis que meteros tan profundamente como yo - que investigar todo tipo de temas es mi pasión - pero es conveniente informaros, incluso poquito a poco - un libro de vez en cuando, una mirada al web durante un ratito libre - lo que sea.


Es como llenar una caja de herramientas - con algunas herramientas que permitan conocer avisos, por ejemplo, otros que ayudan a prevenir complicaciones - y por supuestos un montón de ellos que hace más agradable construir el amor.

jueves, 12 de julio de 2007

Apego IV – ¿Cuándo Pedimos Ayuda?

Crear lazos afectivos con niños – sobre todo mayores que un año - que han estado en un orfanato o en alguna situación difícil puede requerir paciencia y una dedicación especial por nuestra parte.

Me encantan las historias de las familias que lo han hecho – a pesar de todas las dificultades – para luego contarnos lo muchísimo que quieren a sus hijos y estos a ellos. Han cogido unas lanas en crudo y han encontrado la forma de tejer una obra de arte, sacando lo mejor de sus hijos y lo mejor de si mismos.


Muchas veces esto se hace sin ayuda profesional - a la fuerza, por voluntad propia, aprendiendo a ser más pacientes, haciéndose cada vez más sabio, trabajando muy duro, quizás durmiendo muy poco, en algunos casos esforzándose más de lo que uno pensaba posible, dándole al niño lo que parece necesitar en cada momento.

Sin embargo, por lo que cuenta la trabajadora social clínica Deborah Gray en su libro “
El Apego en la Adopción”, a veces las problemas son tan difíciles (y los padres tan hechos polvo) que hace falta pedir ayuda a un profesional.

Según Gray estos factores indican que un niño necesita ver a un profesional:

*Para el niño, su adopción es lo que más le define. Diría, por ejemplo, “No puedo hacer amigos porque soy adoptado.”

*Demuestra los signos clásicos de problemas en un niño: esconde comida, no controle los esfínteres por la noche después de haber quitado bien el pañal, sufre insomnio, duerme demasiado durante más de dos semanas, le fascina el horror, tiene un miedo persistente para estar sólo o – (pasado los tres años) demuestra crueldad a los animales.

*El niño tiene problemas de aprendizaje o el Síndrome de Déficit de Atención.

*Tiene más de siete años y sigue dudando que la adopción es para siempre, aún después de haberle explicado todo muy bien.

*Un adolescente está preocupado con el idea de independizarse de sus padres algún día y no parece tener muy claro su identidad.

*No tienes la sensación de tener una buena y cariñosa relación con el niño. El o ella demuestra no haber desarrollado un buen sentido del bien y del mal, y no parece importarle agradarte.


*Demuestra una rabia que parece salir de la nada y que no parece corresponder a las circunstancias.

*Tiene una historia de abusos físicos, abusos sexuales o de una privación extrema. Incluso si no puede recordarlo, es importante pedir ayuda.
Estos factores tienden a causar unas perspectivas distorsionadas.

*El niño ha sido testigo a violencia, sobre todo violencia letal.

*Tiene enfermedades mentales en el historial familiar.

*Estuvo expuesto a alcohol y drogas durante el embarazo.

Gray también recomienda que busquemos ayuda si un niño más mayor de los nueve años no puede hablar de su adopción demostrando tanto felicidad como tristeza. Esto todavía estoy intentando “procesar” o “digerir” o lo que sea. Lo pongo para no dejar fuera ninguna de sus sugerencias .

lunes, 9 de julio de 2007

Historia de un Camino Largo

Después de esta historia, espero en el próximo escrito volver al tema de apego. Pienso que esta historia es un buen ejemplo de lo que vamos a hablar en Apego IV - de cuando hay obstáculos para crear una relación con un hijo porque ha estado durante unos años en un orfanato.

Otra vez, visitamos el libro “
Nacidos en Nuestros Corazones”, una colección de historias verdaderas dirigido por Filis Casey y su hija Marisa Catalina Casey.

Caty es una mujer que recibió las noticias de su infertilidad como una paliza, pero dice que después de adoptar a sus hijos nada podría motivarla para ir hacía atrás y cambiar su situación física para tener hijos biológicos. No cambiaría la vida que tiene hoy para nada de este mundo.

Adoptaron el hijo mayor a los cinco días de vida. El próximo niño tenía siete meses cuando vino a la familia. Es entonces cuando decidieron ir a Rusia para adoptar a una niña de tres años.

Caty estaba realmente ilusionada para tener por fin una hija. Soñaba con mecerla, jugar con ella, verla crecer para poder charlar y pasear juntas. Le compraba ropa y muñecas, anticipando el momento en que iba a conocer a su niña.

La realidad, sin embargo, fue muy distinta. Dice que al conocerle a Sara, su nueva hija, le sorprendió desde el primer momento que no era la niña que había conocido en sus sueños durante todos esos meses de espera.

Reconoce que la niña fue alegre y llena de curiosidad desde el primer día, pero que también era muy cabezota y con unos cambios de humor sorprendentes. La madre sólo quería cogerla, cantarle canciones, mecerla y abrazarla, pero la niña no quiso nada de eso. Cada vez que Caty intentó cogerla, Sara le empujaría. A veces le dejaría a su madre cogerle por la mano – pero dice que ese contacto físico fue como una gotita comparado con el mar de cariño que quiso darle.

Encima había la barrera del idioma – que la niña no entendió nada de lo que su madre intentaba decirle. Y resultó que la niño sufrió retrasos en el habla, haciendo incluso más difícil la comunicación y durante más tiempo.

Nada de la experiencia tenía nada que ver con la de adoptar a un bebé, dice Caty. Con sus dos hijos, pudo ir conociéndoles desde el principio construyendo una relación de amor y confianza con ellos, mientras que su hija, Sara, de repente se encontró con gente extraña, en un país donde nadie hablaba su idioma y con una mujer que esperaba un cariño y un amor instantáneos.

Caty estaba experimentando unos obstáculos tremendos para construir una relación de apego seguro y sano. Pero me gusta mucho una de sus reflexiones:

“Tuve que aprender a ser paciente y a darme cuente de que todo esto tenía que ver con el proceso de crecimiento de Sara, no de mis sentimientos de rechazo y desilusión. Restringirme me pareció tan poco natural, tan poco familiar. Nuestro proceso de crear los primeros vínculos entre nosotros fue lento, un proceso gradual, y pasó mas de un año antes de que Sara llegó a confiar en mí para poder empezar a construir unos lazos afectivos de verdad…”

Escribió esta historia cuando la niña tenía seis años y dice que fue un placer poder contarlo porque todo había salido tan bien. Mirando hacía atrás, dice que lo más difícil fue el no saber como iba a salir, si la niña iba a llegar a quererla.

Caty parece tener sensaciones de remordimiento sobre la forma en que llevó ese primer año después de la adopción de su niña, porque se sentía tan insegura de que llegarían a sentirse como madre e hija que a veces perdió la paciencia con la niña, causando lágrimas no necesarias.

A la hora de redactar esta historia ella y su marido estuvieron en trámites para adoptar otra hija rusa, esta vez de cuatro años. Caty tenía la esperanza de poder relajarse y disfrutar del largo camino que tendría delante. Dice que ahora sabe que “una relación es un proceso que nunca acaba, y que el amor, la paciencia, el rezar y sobre todo la fe son los ingredientes necesarias para incorporar a un niño al árbol genealógico.

¿Que lugar tiene el “Agradecimiento”?

Cuando estoy leyendo sobre la adopción, de vez en cuando surge el tema del agradecimiento. Sólo una vez he encontrado la opinión de que los hijos que adoptamos deben de ser agradecidos cuando llegan a ser mayores. El comentario se hizo una madre adoptiva al conocer que algunos adoptados no se sienten del todo satisfechos con su experiencia una vez que hayan llegado a ser adultos. Creo que la información que recibió tuvo que ver con casos en que los adoptados no habían recibido toda la información o apoyo que creían haber necesitado.

Su idea - de que "deben de ser agradecidos" me chocó. Pienso que todos los hijos – adoptados o no – necesitan aprender a ser agradecida por la vida, por cada detalle bonita y positiva, por los amigos, la comida – lo que sea. Es un ingrediente clave de la felicidad.

Sin embargo no debieramos hacernos padres con la idea de que nuestros hijos tendrán que sernos agradecidos, como si se tratara un derecho nuestro.

Más de pensar que mis hijos - adoptados y biológicos - deben de ser agradecidos, prefiero pensar en como tengo que ser como madre para algún día merecer una sensación de agradecimiento por su parte cuando miran hacía atrás, recordando todo lo que hemos pasado y hecho juntos. No lo veo como un deber por su parte, sino de una serie de responsabilidades que tengo yo: de eneñsarles a sentir agradecimiento por todo lo que tienen, de verter mi amor sobre ellos - escuchando, hablando, comprendiendo, enseñando.

Bueno, de todas formas, he aquí otra historia verdadera, del libro "Nacidos en Nuestros Corazones” proyecto de Filis Casey y su hija Marisa Catalina Casey. Es de una hija tan agradecidísima que tenía preocupados a sus pobres padres.

Esta es la historia de Bea, un niña china que fue adoptada a los seis años y quién sorprendió a sus padres al conocerles con unas demostraciones de alegría e ilusión tan fuertes que temían que podría ser hiperactiva o sufrir el Síndrome de Déficit de Atención. Una vez llegado a casi, en vez de tranquilizarse estaba cada día más activa – más loca con alegría.

Más tarde, cuando la niña supo hablar inglés, su madre se sintió avergonzada por haber pensado que algo le pasaba a su hija, porque el hecho fue que era una niña muy consciente de que su sueño de haber encontrado a una familia se había hecho realidad y no pudo contener su felicidad.

Antes de adoptar, Linda, la madre, se acuerda de como el director de adopciones chinas de su agencia les había dicho que “si adoptas a un niño mayor, siempre sabrá lo que han dejado atrás. Siempre estarán agradecidos por lo que has hecho.”

Bueno, por lo que vimos en la historia anterior (Ver Historia de una Vuelta a Casa) esto no es siempre el caso. Sin embargo, la historia de Bea, me acuerda de Asha Miró que nos dice algo parecido en su libro “Asha la Hija del Ganges” (que, por cierto, es uno de las historias de adopciones que más me ha gustado). Ella fue adoptado sobre los seis años de edad y habla de su capacidad para apreciar como su vida había cambiado.

Dice Linda que no pasa un día en que la niña no da las gracias a sus padres por haberle sacado del orfanato. Se acuerda de cómo su padre biológico le dejó en la puerta del centro por la noche cuando tuvo TRES años. Allí se quedó, sola, llorando. Odiaba su vida allí y soñaba con tener algún día una familia.

La madre dice, “Bea es agradecida, pero me siento que somos nosotros los realmente agradecidos. Ella nos ha abierto los ojos a una perspectiva pura y sincera. Estamos agradecidos a Bea por transportarnos más allá de nosotros mismos, de la rutina del día a día a un mundo que nunca sabíamos que existía. O – si hubiéramos sabido que existía, nuestros recuerdos de ello se fueron desapareciendo con el tiempo. Todo lo que nos importó antes, no tiene importancia al lado de nuestro amor por Bea.”

Esto no quiere decir que no ha habido algún desafío. Años después de su adopción la niña todavía sufrió del Síndrome de Estrés Postraumático. No podía estar sola ni un momento o se pondría a llorar.

Dice Linda que “por supuesto, los padres deben de serlos sin egoísmo”, que puede ser muy bonito tener un niño agradecido pero que no debemos esperarlo, ni debe ser nuestro motivo para convertirnos en padres. Sin embargo, reconoce que el agradecimiento es algo encantador, algo que no ve en muchos niños que siempre han tenido de todo.

Los padres de Bea la adoptaron aún siendo una niña mayor no porque querían que fuera agradecida, sino porque sabían que lo normal es querer un bebé y que los niños mayores suelen quedarse sin la oportunidad de tener una familia y una vida nueva.


sábado, 7 de julio de 2007

Historia de una Vuelta a Casa

“And the end of all our searching shall be to return to the place where we started and know it for the first time.” -T.S. Eliot ...

Dice que "Y al final de nuestra búsqueda volveremos al lugar dondé empezamos para conocerlo por primera vez."

En el libro "Nacidos en Nuestros Corazones", proyecto dirigido por una madre y su hija adoptada, que han coleccionado historias de muchas familias hechas por adopción, hay una historia que enseña muy bien como una búsqueda nos puede llevar al lugar donde empezamos.


En un escrito titulado "Bienvenido a Casa, Hija Mia", Rosemary Zibart cuenta como ella y su marido eran unos de los primeros de adoptar de Bielorusia en 1992 - cuando abrieron las puertas de sus orfanatos. Fueron allí para adoptar a Tánia, una niña de ocho años. Seis meses después fueron a Rusia para adoptar un hijo de siete años.


Rosemary había visto fotos de niños de Rumanía y le pareció que los de Bielorusia estaban mucho más cuidados. Pensaba que sería fácil adaptarse a la vida en los Estados Unidos, pero pronto se dieron cuenta de que se habían equivocado. Se encontraron con problemas como déficits mentales y problemas emocionales. Se sintieron como en una montaña rusia sin posibilidad de bajarse.


El niño era encantador y sabía hacer amigos y esconder su dolor detrá de una grande sonrisa. La niña, en cambio había sufrido abusos y era más difícil crear una relación con ella. Estaba claro que le hacía falta amor y cariño, pero era como un puercoespín. Intentaban acercarse a ella pero a veces era demasiado y se rindieron.


Con ayuda profesional empezaban a comprender que algunos niños mayores, al ser adoptados, tenían miedo de ser abandonados otra vez. Así que en vez de esperar el abandono, rechararían a sus padres desde el principio.

Durante años sufrieron el rechazo de su hijo - pero parece que no se rindieron de todo, aunque estuvieron cerca de tirar la toalla. Se preguntaban si habían hecho bien sacándole a la niña de su país natal.

La madre se enteró de que el gobierno de Bielorusia estaba organizando una conferencia en Minsk y querían que vinieron familias adoptantes de todo el mundo para compartir sus experiencias. Decidió apuntar a la familia. La niña mantenía un especie de fantasía en la que idealizaba su vida anterior en Bielorusia y había "mantenido la puerta abierta", según su madre.

La niña ya tenía 17 años y la madre decidió que era hora de volver - e, incluso, si la niña quiso quedarse en su país natal, harían todo lo posible para ayudarle a hacer realidad su sueño. Pero antes de salir, consultaron con una experta en el tema que les explico que esa necesidad de buscar los raices era normal pero que los resultados podrían ser muy variados - desde muy bueno hasta muy difíciles.

Dice que la conferencia en Minsk fue estupendo. Conocieron a familias encantadores y su hijo, Sergio, no tuvo problemas en hacerse amigos nuevos. La niña en cambio, se encerró en la habitación del hotel.

Pero pronto, la madre le metió en un taxi y se fueron en busca del orfanato donde había vivido su niñez. Al entrar, la directora vino sonriendo y gritando su nombre. Esto - dice Rosemary - fue el mejor momento del re-encuentro con el pasado. Lo que vino después no fue tan bonito.

Primero la niña pregunto por su madre biológica, sólo para descubrir que no había ninguna información, nada. Luego pidió una foto de cuando era bebé. Tampoco había nada.

Luego se hicieron una visita guiada por el centro. A las otras niñas, le presentaron a Tánia como "una niña que había vivido allí pero que ahora tenía una familia". Parece que los ojos de las residentes decían todo sobre el deseo que tenían para tener lo mismo - y cuando Tánia les dieron peluches los abrazaron fuerte.

Dice Rosemary que esa visita tuvo un gran impacto sobre toda la familia, al darse cuenta de la alternativa "horrorosa" que podría haber sido la vida de Tánia si no hubiera sido adoptada.

Sin decir palabra, Tánia pareció haber dado la vuelta de una equina. Volvió a la conferencia en Minsk y empezó a hacer amigas. Esa noche, dormió al lado de su madre, dijo la palabra "mamá" y le arropó con su brazo. El día siguiente había una actuación por los niños y Tánia salió en el escenario para tocar el piano - a su madre le saltó las lágrimas.

Cuando llegó la hora de irse, dice Rosemary que Tánia era la primera en hacer su maleta y que nadie estuvo más feliz de llegar a casa.

Rosemary dice, "Ahora me doy cuenta de que lo que dejamos en Minsk fueron nuestros sueños - sueños de una hija más perfecta, sueños de unos padres perfectos. La experiencia nos ayudó a todos a comprometernos con la familia que somos. Mientras que el camino sigue siendo lleno de piedras, los piés de Tánia parecen plantados más fuertamente aquí. Cuando ocurren explosiones, buscar arregarlo más rápidamente."

Una semana después de la vuelta a casa, Tánia sorprendió a su madre, preguntándole, "¿Mamá, me puedes ayudar a lavar la cabeza?" y por fin su madre tuvo el privelegio de disfrutar lo que para ella es uno de los placeres de ser madre.

..."Y al final de nuestra búsqueda volveremos al lugar dondé empezamos para conocerlo por primera vez."



viernes, 6 de julio de 2007

Una Vida Apasionada

Hoy descansamos del tema de la serie sobre el "apego" para conocer una historia muy bonita.

He mencionado alguna vez a los adoptados coreanos que empezaron a ir a los Estados Unidos a partir de 1956. Tengo un libro en el que muchos de ellos nos cuentan sus experiencias y reflexionan sobre su vida en E.E.U.U. Para mí, cada historia es un como un tesoro.

Uno de estos niños coreanos se llama Steve. Hoy tiene una preciosa familia - una mujer y tres hijos, uno es adoptado de corea. Escribiré un correo electrónico a Steve para pedirle permiso para publicar la foto de su familia aquí en esta página.


Steve cuenta como se acuerda bien de su familia biológica en corea. Tenían bastante dinero hasta que un día el negocio de su padre fracasó. Su papá empezó a abusar del alcohol. La madre se fue porque le maltrataba. El padre se metió en un lió y le metieron en la carcel y Steve y su hermano pequeño acabaron literalmente bajo un puente. El tenía cinco años, su hermano tres.


La mujer de una tienda cercana llevó al hermano a vivir en su casa y no mucho después Steve fue acogido en un centro privado para menores dónde le operaron de la rodilla. Vivió en el centro durante ocho años y aprendió a ser muy estudioso.

(En la foto de la derecha, vemos el centro de Il-San, que formaba parte de lo que hoy se conoce como Holt Children's Services. La mujer en blanco es la "Abuela Holt", la fundadora. Su familia trabajaba allí con ella. Para conocer más, hacer clic aquí)

A los catorce años Steve fue adoptado por una familia americana que tuvo tres hijos biológicos mas otro hijo adoptado.

Paramos un momento para destacar que Steve fue un niño abandonado, que vivió durante muchos años en una "institución" (aúnque por lo que cuenta fue especial - el proyecto de una familia muy cariñosa que quería muchísimo a todos los niños) además, ¡fue adoptado como adolescente! Como vermos en esta historia lo que llaman "factor
es de riesgo" son sólo eso - "riesgos" - nada más. No tienen porque determinar el final de una historia...
(En la foto de la derecha, vemos los primeros niños coreanos llegando a los E.E.U.U. en 1956)

Steve recuerda que un día él y su padre estuvieron sentados viendo la televisión cuando su padre le dijo en serio, "Steve, cuando te adoptamos, pensamos que lo estuvieramos haciendo por que tú necesitaba padres. Te adoptamos porque te hacía falta un hogar. Lo hicimos para ayudarte. Sin embargo, ahora pienso en todos los años en que tu has estado con nosotros. Somos nosotros quienes son los bendecidos por tu presencia en nuestra familia."

Unos días más tarde, recuerda que su padre le dijo, "Steve, cuando miro hacia atrás en mi vida, veo que he hecho unas decisiones muy importantes, decisiones que resultaron ser los mejores decisiones. El mejor fue cuando decidí creer en Diós. El segundo fue cuando me casé con tu madre Margaret. El tercer mejor decisión fue tenerte aquí con nosotros.


Dice Steve que estas palabras de su padre le dejó sin palabras, que su amor y su respeto por él fue increíble y que nunca olvidaré de esas palabras tan amables.


Steve se hizo ingeniero aeronáutico y cuando escribió esta historia estaba trabajando en el programa del GPS III Satélite en El Segundo, California. También llego a un puesto importante un su iglesia. Poco después de salir de la universidad, una organización que se llama Holt (un nombre de referencia en el mundo de la adopción en E.E.U.U. - fue el mismo que estuvo detrás del centro en que había pasado ocho años) le pidió que fuera miembro de su consejo de directores y así se metió de lleno en el mundo de la adopción. Fue para él un privilegio.


Steve nunca ha olvidado las caras de los niños sin hogar en corea y empezó a preguntarse ¿porque los coreanos no adoptan niños? ¿porque tenían un imagen tan malo de la adopción? ¿Que podría hacer él para cambiar su actitud negativa?


En 1999 Steve fundó una organización que se llama "Misión para Promocionar la Adopción en Corea (http://www.mpak.com/). Es su pasión. Dice que "Me dí cuenta de que algún día corea podría dejar de permitir las adopciones internacionales y me sentí en mi corazón una gran responsabilidad para hacer algo para ayudar a los niños sin familias. Siempre he promocionado la adopción como algo que es maravilloso y bonito para padres e hijos.


"Los coreanos deben de abrir sus corazones y sus hogares a los niños sin hogar. Ha llegado la hora para que abandonen esa tradicion de tantos siglos de sólo preocuparse por sus familiares de sangre."


En Noviembre de 1999 una cadena de televisión en corea le invitó a hacer un programa sobre su vida y su fundación. Fue un éxito. Steve recibió muchos correos eléctronicos y la cadena de televisión recibió tanta respuesta que tuvieron que poerlo otra vez - de allí tuvieron cobertura en muchos medios de comunicación en el país.



Dice Steve que desde entonces hay numerosas familias adoptivas que han decidido reunirse públicamente - sin tener miedo de una cultura que siempre ha mantenido la adopción en secreto. Dice que queda mucho por hacer, pero que las historias positivas de estas personas están afectando muy poquito a poco a las actitudes de los coreanos.